Acústica

Las fachadas verdes pueden reducir los niveles de ruido del tráfico hasta en 10 dB (A). Aunque no son capaces de reducir de forma significativa el ruido cerca de la fuente de emisión, logran mejores resultados a medida que aumenta la distancia respecto al origen.

La percepción del volumen sonoro está relacionada con el nivel de presión acústica y se mide en decibelios (dB). Una disminución de 3 dB apenas es perceptible, mientras que una reducción de 5 dB es claramente notable y una disminución de 10 dB reduce a la mitad el sonido percibido. No existe un consenso científico acerca de lo que constituye una reducción significativa de los niveles de ruido en el entorno urbano; sin embargo, varios códigos de ruido europeos han definido el nivel mínimo de aparición de ruido entre 3 y 5 dB.

Desde la década de 1970 se han desarrollado técnicas sostenibles para la reducción del ruido urbano, tales como barreras de árboles, plantaciones en tierra, cubiertas verdes y barreras vegetales. Se ha demostrado que estas tecnologías reducen los niveles de ruido entre 5 y 15 dB (A).

Pese a que no se ha determinado con exactitud el impacto de las fachadas verdes en el ruido urbano. en los últimos cinco años los investigadores afiliados al proyecto HOSANNA (Reducción holística y sostenible del ruido por medio de combinaciones optimizadas entre medios naturales y artificiales), apoyado por la Comisión Europea, han evidenciado que las fachadas vegetales pueden amortiguar el ruido de manera efectiva. Por ejemplo, en un estudio de 2015, investigadores de universidades españolas y chilenas demostraron que un módulo de fachada con alta densidad de arbustos amortiguaba la mitad de la energía acústica recibida, todo ello en un amplio espectro de frecuencias.

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El ruido que se escucha en las calles procede de tres elementos: la energía del ruido directo (que viaja desde el origen del ruido hasta los oídos del que escucha), la energía del ruido reflejado (que se acumula entre la superficie de la vía y las fachadas de los edificios), y la energía del ruido difractado (que da la vuelta a las esquinas de las manzanas).

Las calles tipo cañón están hechas de materiales duros y densos, como hormigón, ladrillo, asfalto y vidrio, que reflejan el sonido y aumentan el nivel general de ruido en la calle. Aunque las fachadas verdes no pueden mitigar de manera eficaz el ruido directo, sí pueden amortiguar el sonido que, de otra manera, se vería reflejado entre las fachadas de los edificios o daría la vuelta a sus esquinas, reduciendo así el nivel general de ruido.

De este modo, las fachadas verdes tienen el potencial de reducir tanto el ruido ambiental (el ruido de fondo de la ciudad) como el ruido de fuentes emergentes (fuentes individuales como motocicletas y sirenas que sobrepasan el nivel ambiental). Asimismo, pueden amortiguar la energía acústica reflejada entre el pavimento y las fachadas acristaladas de una calle tipo cañón. Simulaciones recientes han demostrado que fachadas verdes similares a las del estudio hispano-chileno podrían reducir el ruido del tráfico hasta en 1,6 dB (A), y el ruido de una fuente sonora entre 2 y 5 dB (A).

Mejora del paisaje sonoro

Aunque el estudio anterior se centra en propiedades acústicas cuantificables, también es importante considerar los beneficios psicológicos cualitativos de las fachadas verdes. Al añadir sonidos naturales, como el canto de los pájaros, el goteo del agua y el crujido de las hojas, es posible crear un paisaje sonoro más placentero y relajante. "Es bien sabido", escribe un científico ambiental, "que el agua y el canto de los pájaros son sonidos que hacen que los humanos se relajen más que los sonidos humanos".

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De hecho, la simple imagen visual de la vegetación puede reducir la percepción de ruido más allá de lo estrictamente medible, complementando las reducciones físicas de la energía del ruido. Una encuesta reciente, realizada a 105 personas que viven en apartamentos que dan a una carretera de circunvalación ruidosa en Gante, Bélgica, descubrió que los residentes con vista a la vegetación estaban cinco veces menos inclinados a quejarse del ruido que los residentes que no tenía vegetación a la vista. En los estudios de laboratorio, el color verde ha demostrado ser capaz de reducir las percepciones de volumen alto, comparado con otros colores.

  • Las fachadas verdes pueden reducir los niveles de ruido de fuentes emergentes y de tráfico en hasta 10 dB (A).
  • No mejoran significativamente el nivel de ruido cercano a la fuente; sin embargo, muestran mejoras al aumentar la distancia desde la fuente hasta donde predomina el ruido ambiental.
  • La mejora del paisaje sonoro tiene beneficios psicológicos cualitativos y está íntimamente relacionada con la existencia de vegetación y biodiversidad. La simple visualización de vegetación reduce la percepción de ruido.
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