La contaminación acorta la vida

22 Dic 2016
La contaminación acorta la vida

Que la contaminación acorta la vida es un hecho científicamente contrastado pero ¿sabes en cifras reales cuántos años de tu vida dejas de disfrutar por culpa de este mal invisible que envenena el aire que respiras?

En los últimos años, los investigadores y científicos expertos en el cambio climático se han dedicado a indagar y mostrar realidades plasmadas en cifras que son verdaderamente preocupantes. Según el Environment International y los estudios aplicados en España, al dividir el país por regiones de 3.500 individuos por área, habiendo un  total de 44,5 millones de habitantes, se percataron que si en la concentración de partículas PM10 (Particulate Matter: partículas ínfimas de diámetro inferior a 10 µm ) había un incremento de 5 microgramos/m3 como consecuencia se producía la pérdida de prácticamente un año de vida y pérdidas vitales de 7 meses cuando el aumento era de 2 microgramos.

Por si esto no fuera suficientemente alarmante, comentamos que no hay que esperar a tener desenlaces trágicos puesto que actualmente una gran parte de la población está viéndose afectada también por este incremento de contaminación atmosférica repercutiéndoles directamente a las enfermedades respiratorias y cardiovasculares generando así cuadros de asma, enfermedades de bronquios y pulmonares, etc… contribuyendo a una continuidad de muertes prematuras que tienen como base los efectos negativos producidos por los gases nocivos que respiramos diariamente.

Entre los gases más tóxicos producidos a diario por las fábricas y por los automóviles nos encontramos con el óxido nitroso, los sulfatos, el dióxido de sulfuro, el óxido nitroso y el ozono, los cuales respiramos diariamente. Algunos de ellos son expulsados en grandes cantidades por los tubos de escape de los vehículos que de manera involuntaria e inevitable aspiramos perjudicando nuestra salud.

Tras varios exámenes y pruebas se constata que un buen mecanismo de defensa contra esta polución (aparentemente imbatible) que podrían tener nuestras ciudades son los jardines verticales eficientes como revestimientos vegetales en fachadas. Éstos, al absorber dichas moléculas y elementos volátiles microscópicos, purifican el aire y eliminan la densidad maligna y perjudicial de dichas partículas de la que hablamos, dispersando de manera natural la contaminación creando aire más sano. Derivado de ello, se produce un beneficio saludable traducido en una disminución de los problemas respiratorios de la población y por ende, una mayor calidad de vida.

Como conclusión a estas estadísticas valoramos la siguiente cuestión: ¿de qué nos sirve avanzar si se hace a cambio de un retroceso destructivo? Si las creaciones y avances del ser humano nos están llevando a la extinción de especies, bosques y contaminación, ¿cuál es la finalidad?.

Ahí lo dejamos.

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